El Gran Árbol Sangrante

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Mensaje por MariTenebrae el Sáb Ene 11, 2014 8:06 pm

   






Estas imágenes fueron encontradas en un teléfono celular de una mujer que lamentablemente ha fallecido el mismo día en que las tomó, en el mismo lugar. En estas imágenes se muestra a su asesina, a la cual se le conoce como la Asesina de la Máscara. No se sabe bien por qué la asesina habrá dejado las fotografías intactas en el aparato, pero es útil para conocer el aspecto que tiene, a pesar de no ser detallado.

Se cree que la primera imagen fue capturada cuando la víctima se encontró frente a frente con su asesina, y la segunda pudo haber sido tomada momentos antes de que la mujer tratara de escapar del baño. Una amiga de la fallecida comentó que ella, al enterarse de la existencia de esta asesina, se interesó bastante por ella, tanto que seguramente sería feliz de haber obtenido sus primeras imágenes.

Los padres de la víctima aseguraron que en el momento del homicidio su hijo mayor estaba estudiando en la biblioteca y ellos estaban en sus respectivos trabajos. No había en casa nadie más que la víctima.

Para quien no tenga conocimiento de ella, esta asesina suele aparecer en lugares aleatorios. Se dice que secuestra a sus víctimas, las tortura durante algunos días y luego sus cadáveres aparecen cerca de su residencia. No se saben los motivos de esta asesina, no se sabe quién es ni tampoco se sabe qué pretende. Cualquier información, favor de reportar a la policía.

Un sobreviviente de esta asesina que pudo llamar a las autoridades a tiempo declaró:

Ella era muy gorda, de cabello castaño oscuro y muy desordenado, la poca piel que pude ver era ni muy blanca ni muy oscura, llevaba una máscara blanca con manchas negras en sus ojos, los cuales no pude ver en ningún momento. Sus movimientos eran raros, ya que siempre tenía las manos cerca de su pecho, como si le doliera un poco. Incluso cuando estaba manipulando objetos como el pañuelo impregnado de cloroformo, siempre tenía las manos cerca de su pecho.

Esa noche yo estaba quedándome dormido con la televisión encendida en mi habitación, cuando repentinamente escuché ruidos muy extraños y bruscos, lo cual me despertó. Para mi sorpresa, ella estaba junto a la ventana, aparentemente entró por ahí con dificultad. Trató de usar cloroformo conmigo, no sé para qué y estoy completamente seguro de que fue una suerte que no me alcanzara. Salí de mi cama lo más rápido que pude y procuré hacer mucho ruido, porque sabía que mi vecina llamaría de inmediato a la policía siendo ella tan entrometida. Esta vez fue una ventaja, y le agradezco mucho.

Los oficiales que investigaron en mi casa y yo encontramos un escenario aterrador precisamente en la habitación por la cual entró. Mi amado perro estaba completamente desollado, sobre la cama, y en el espejo que estaba en mi tocador estaba lleno de su sangre, formando un extraño símbolo difícil de describir y una extraña frase.

“Despídete del cielo”

Para aquellos que estén preocupados por ella, les daré un consejo.

Si escucha ruidos extraños, cierre la ventana.













El Gran Árbol Sangrante

Todos tenemos una parte de nosotros que es algo despreciable, una parte de nosotros que negamos y ocultamos en las profundidades de nuestras almas. Muchas culturas lo han representado en forma de demonios, en forma de espíritus malignos. Y todas están en lo correcto como metáforas del mal.

Esta vez no usaremos demonios o demás entes oscuros, sino que mostraremos algo mucho más siniestro. El Gran Árbol Sangrante no existe como tal, es como los demonios, es una representación. Sin embargo, como existen y existirán personas que se han dejado arrastrar por los demonios de sus almas, hay otras más que se dejaron seducir por las rojizas ramas del Gran Árbol Sangrante. Seguro te preguntarás, ¿qué es el Gran Árbol Sangrante, más allá de ser la maldad de una persona? Sí, estás en lo correcto, el Gran Árbol Sangrante es más, mucho más.

Mis palabras no son suficientes para describirlo con exactitud. Lo que realmente necesitarías para comprenderlo es vivirlo en persona, pero supongo estás lo suficientemente cómodo, sentado mientras escuchas o lees esto. Pues bien, no te invito a que sigas al Gran Árbol sangrante... lo harás por tu cuenta.

¿Al final qué son los seres humanos, sino la recopilación de todo lo vivido y unas enseñanzas vacías? ¿No es cierto? Mira más atrás de este momento, busca en tus recuerdos. ¿Ya lograste identificarlo? Hay algo dentro de ti que quiere vengarse por eso, quiere destruir.  No mientas diciéndome que no hay nada, porque el sólo hecho de venir a este mundo ya te convierte en una lucha constante entre bien y mal. De hecho, ¿qué es el bien y el mal? ¿Por qué podemos decir tan seguros qué es correcto y qué no? Supongo no estás entendiendo mi punto. Bueno, ¿qué más da? No necesitas entenderlo en este momento.

El Gran Árbol Sangrante es una total desviación del concepto de bien y mal. Es más, ¡“bien y mal” está completamente obsoleto! ¡Dejemos de utilizar esos términos tan viejos! De todos modos, los actos no necesitan ser clasificados, sólo pueden causar daño o no, gustarte o no gustarte... en fin, creo que ya ha sido suficiente introducción. Ya has entendido lo que necesitas saber en este punto. Sin embargo, aún no comprendes en su totalidad qué es el Gran Árbol Sangrante. Para hacerlo, necesitas un caso que ilustre con exactitud qué es, y así te lo mostraré. Te sugiero que estés cómodo y te asegures de que nadie interrumpirá mi relato, puesto que es una historia bastante larga y si te distraes, cuando quieras seguir ya no sentirás lo mismo e incluso puede llevarte a no comprender totalmente la historia. Es más, es conveniente que sea de noche, ya que la noche es especialmente tranquila, ¿no lo crees? Siempre activa nuestra imaginación, y puede que las imágenes que describiré te sean incluso vívidas.

Nuestro caso se llamaba Aaron Sanders, el cual solía ser mi nombre real. Era, lo cual está en tiempo pasado. No iniciaré con un “y esto era antes de que...” porque es un cliché de mierda. No, es indigno de mí presentar esta historia de manera cliché y aburrida. Es más, tendré que cambiar mi voz narrativa y volveré a ser Aaron por un momento. Ya puedes comenzar, Aaron.

Es cierto, es completamente cierto, es asquerosamente cierto, de hecho horriblemente cierto. Siempre he sido realmente feo, muy feo, a decir verdad, terriblemente feo. A la fecha sigo viéndome así, quizás soy un poco menos horrible que antes, sólo un poco.

Crecí en una familia de clase media, no éramos ricos, pero podíamos permitirnos lujos de vez en cuando. Tenía a mis dos padres y a mi pequeña hermana Hannah, ¡cómo “adoro” a mi hermanita! Ella ya tiene dieciocho años, apenas llevándome cuatro años de diferencia. Mi padre es un hombre bastante alegre y complaciente, de hecho siempre que se iba en algún viaje de negocios procuraba regresar con algún regalo. Mi madre es una mujer de carácter fuerte, de hecho, tiende a gritarme demasiado. Supongo tiene sus razones, siempre tiendo a fallar.

La verdad no puedo recordar cuándo inició el problema, aparentemente siempre ha sido así. ¡No, espera, estoy mintiendo! Creo que inició en la primaria, sí, fue en la primaria. Tenía muchos kilos de más, de hecho estaba casi mórbidamente obeso. Aunado a esto, te recuerdo que soy horriblemente feo. ¿Qué se gana con esta combinación?

Tres, dos, uno... ¡tiempo! ¿Lograste descifrarlo? Ding-ding-ding, ¡tenemos a un ganador! Efectivamente, lo adivinaste estupendamente bien, ¡te felicito tanto! Así es, me hacían sentir una mierda y me rechazaban. Desde que llegué supe que no sería bienvenido, los primeros tres años nadie parecía percatarse de mi presencia, poco a poco obtuve popularidad cuando repentinamente los niños se dieron cuenta de que conmigo podían meterse fácilmente. ¡Oh, vieras qué patético!

—Hola, cerdo, ¿qué son estas mierdas? —Me dijo un chico mucho más alto que yo, ¡pero si ni parecía tener los nueve años que tenía yo en ese entonces! Podría tener fácilmente doce o hasta trece años si quisiera. Al decir “mierdas” seguro se refería a mis gafas circulares, las cuáles al ser retiradas de mis ojos nublaron mi visión con su ausencia. Por su gran estatura fue perfectamente capaz de dejarlas fuera de mi alcance en un árbol y se reía de lo patético que me veía tratando de alcanzarlas. Ese fue sólo el comienzo. Un terrible comienzo.

Como no puedo recordar mucho de aquella oscura época, sólo daré algunos ejemplos para que te des la idea de cómo era mi vida. Sólo así comprenderás qué puede originar que El Gran Árbol Sangrante aparezca, aunque claro, no todo debe cumplirse al pie de la letra. Los orígenes son muy variados, pero tienen una misma esencia.

¡Ah, sí, recuerdo una escena en la triste obra que fue esa época! Todavía recuerdo como John y Michael, siendo el primero precisamente el alto que me quitó las gafas y el segundo aquel que siempre me quita mi almuerzo eran mis principales antagonistas.

— ¡Oye, estúpido cerdo, dame esto! —Me exigió mientras arrebataba de mis manos temblorosas la bolsa de papel que contenía mi comida — ¡de todos modos, tú no necesitas comer más! ¡Ya comiste lo suficiente para toda una vida, ja!

También recuerdo perfectamente cómo me encerraron en el sótano que estaba en una parte alejada del patio, de hecho, solían reunirse por ahí, lejos de la mirada de los profesores. Esto sucedió cuando ya teníamos doce años. Esperaron hasta la salida, me atraparon, me arrastraron al lugar.

— ¡Por favor déjenme ir! ¡No diré nada! ¡Mi madre está esperándome en casa! —Supliqué patéticamente. Los dos se miraron unos momentos, como considerando mis peticiones, después de escasos instantes estallaron en una horrible carcajada casi al unísono. Y los dos me arrojaron al interior del sótano, y posteriormente lo cerraron.

Mis ojos tapados por las garras de la oscuridad no me permitían ver más allá de su figura negra. Juraría que escucharía los gritos de agonía de los condenados en el infierno, juraría que vi las sombras de los demonios acechándome, juraría que estaban aguardando un lugar especial para mí en las pilas de cadáveres putrefactos de los torturados, juraría que escuchaba la carcajada demente del mismo Lucifer que me invitaba a atravesar el río de sangre que me llevaría a su guarida, donde el mismo Rey de los Avernos me arrancaría el corazón para ofrecerlo a sus fieras como aperitivo antes de mandarme a mí como plato principal...

— ¿Eh? ¿Qué es ese ruido? —Escuché fuera de sótano, reconocí la voz del conserje.  Después de unos momentos vi como finalmente la puerta que me separaba de mi libertad era finalmente abierta. Los monstruos creados de la oscuridad y mis miedos comenzaron a dispersarse y perderse en las tinieblas que eran finalmente vencidas por la luz. Mis lágrimas en mi rostro no eran más que la prueba de lo patético que soy. Abracé al conserje y le agradecí mil veces que me hubiese salvado, y él parecía que también agradeció llegar ahí antes de que pasara más tiempo.


Mentí, dije que se me había caído una moneda por el lugar y repentinamente la puerta se cerró, pero no pude ver quién fue. Así que el “gran caso” sobre quién me encerró ahí quedó sin solución. Ni siquiera dejé que mis padres se enteraran. Sinceramente no quería más problemas con Michael y John, así que no los acusaba cada que me hacían algo. Y así aprendí a vivir, con miedo constante de que ellos planearan su próxima travesura contra mí y con la esperanza vacía de que ellos me dejaran en paz o simplemente muriese pronto.

Algo que recuerdo bastante bien también es el cómo me tiraron al suelo. En mi escuela abundaban mucho las macetas, así que extrajeron un poco de tierra y se aseguraron de que hubiese en ella suficientes gusanos para satisfacer su sádico gusto, me golpearon fuertemente en  mi entrepierna, obligándome a abrir la boca en un espantoso grito casi agónico. Aprovechando que mi boca estaba abierta, me introdujeron de golpe todo un puñado de tierra llena de lombrices. No pude resistirme, terminé tragándola, incluso los gusanos. El desagradable sabor inundaba mi lengua, el asco que sentía era insoportable.

— ¡¿Qué te pasa, cerdo?! ¡¿No te gusta?! ¡Tú comes cualquier porquería!

Lo peor fue como después estuve y posteriormente tuve una fuerte diarrea por la ingesta de tierra. No fui a la escuela, y fueron prácticamente vacaciones para mí. Nuevamente mi familia no se enteró de nada, y yo me encargué de ello. Me limpié el uniforme lo mejor que pude, y los restos que quedaban fueron producto de un tropiezo que tuve y caí en un pequeño terreno donde había algo de tierra húmeda. La enfermedad de mi estómago se debió a algo en mal estado que pude haber comido. Sólo pasó eso, no hay una historia macabra detrás de esto.

Creo que conté suficientes episodios, ya te he narrado los necesarios para que puedas comprender lo que requieres para este punto. Después de todo, demasiado sufrimiento de parte mía terminaría por no ser más que un circo romano, que satisficiere la necesidad de sangre de una audiencia sin existencia. Además, supongo que lo patético que me veo llorando te incomoda.

Ahora saltaremos a un punto clave en mi vida para haber llegado hasta donde estoy. Tenía catorce años cuando esto sucedió, y supongo explicará algunas cosas de mi presente. Yo no soy hermoso, eso ya quedó muy en claro. Sin embargo, me obsesioné con la idea de que debía de serlo. Sólo así me dejarían en paz, sólo así tendría algo de respeto por mí mismo, sólo así mi vida tendría algo de sentido, sólo así mi existencia en el mundo tendría un  motivo por el cual seguir alargándose.

¿Qué debía hacer para ser hermoso? Fácil, era muy fácil, era asquerosamente fácil. No podía cambiar mi rostro, eso me ha marcado para siempre. ¡Pero sí que podría cambiar para siempre mi cuerpo! Oh, vieras lo brillante que puedo ser para ocultarle cosas a mi familia. Primero tomé una bolsa negra para basura y ésta la escondí bajo mi cama. Siempre llegaba a mi casa, y lo primero que hacía era encerrarme en mi cuarto. Mi padre, como dije antes, es bastante complaciente, así que me llevaba la comida a mi habitación para que pudiera hacer tarea sin morir de hambre. Fácilmente pude esconder aquella comida que llevaba en esa bolsa. Era increíble como de verdad creían que había comido. Aunque claro, esa bolsa se llena, además de que huele bastante mal. Cerrarla muy bien para que su desagradable olor no salga de debajo de la cama no siempre es suficiente, así que me aseguraba de que hubiese siempre aromatizante en mi habitación. No es raro de mí, me encanta el olor de los aromatizantes, en especial las lavandas, así que ya desde antes tenía la costumbre de rociarlos por mi cuarto.

Para deshacerme del “cuerpo del delito” bastaba con ofrecerme a tirar la basura cada que fuese necesario, así me llevaba aquella bolsa junto con las otras que pudiese haber. Además de que mi madre estaba complacida con mi conducta, me deshacía de aquella comida. Era tan fácil dejar de comer, y tan provechoso para mí. ¡Vieras cuánto bajé de peso! Por supuesto, lo que no era fácil era eliminar la sensación de hambre. Así que primero me aseguré de comer sólo la mitad de lo que regularmente lo hacía, posteriormente reduje esa mitad otra vez y luego dejar de comer en lo absoluto. Claro, tuvo que ser completamente gradual, puesto a que no iba a dejar de comer del todo de un día para el otro.

Me tomó alrededor de seis meses dejar de comer del todo. Dos me llevó aprender a comer sólo la mitad, me tomó únicamente un mes para poder comer la mitad de esa mitad con rigurosa disciplina y los otros tres meses fueron para dejar de comer del todo. Supongo esa última fue un poco más difícil por la horrible sensación del hambre. Mi record antes de permitirme comer algo fue de cinco días. ¡¿No te parece impresionante?! ¡Fue agonizantemente satisfactorio!

Medía a los catorce años 1.72 metros, pesaba 122 kilos. En otros seis meses que estuve con mi rigurosa dieta bajé drásticamente a 95 kilos. Sin embargo, me parecía insuficiente. ¡¿Cómo era posible que cada que me pesara dijera la báscula 95 kilos y al verme al espejo seguía igual o incluso peor?!

—Tengo que hacer algo todavía más drástico —pensé, y tuve una excelente idea. Busqué en la cocina algún cuchillo y lo guardé para mí. Ahora, cada vez que coma algo, un corte aparecerá en mi pierna. Los brazos no, serían más difíciles de ocultar. Además, es un cliché.

Poco a poco, asesinaría a ese estúpido cerdo.

—Vaya, ¿ya toda tu ropa te queda grande? ¿Pero qué tanto has hecho? —Preguntaba Hannah mientras veía sorprendida mi gran pérdida de peso.

—Ah, es que siempre camino por la escuela. Supongo eso es —le mentí, y la prueba de mis mentiras eran los escasos cortes en mi pierna.

—No, pero... te ves realmente delgado, ¿no crees que deberías comer más? —Me preguntó mi madre mientras miraba algunas de mis antiguas camisetas que ahora seguramente sería el triple de la talla que necesitaba.

Pero a pesar de todo, Michael y John no cambiaban en lo absoluto. De hecho, parecía que ahora les era mucho más fácil cargarme para arrojarme a algún lugar desagradable. Como la vez que me quedé en un contenedor de basura. Todavía recuerdo como encontré una cáscara de una banana en mi ropa interior después de eso.

No toleraba toda esta situación. ¡Tenía que hacer algo por asesinar a este idiota que me condenaba a sufrir! ¡TENÍA QUE MATARLO, TENÍA QUE BORRAR SU EXISTENCIA, TENÍA QUE HACER ALGO...!

Estaba sumido en mis pensamientos, cuando un maullido me interrumpió abruptamente. Ah, era el gato de la vecina, de pelaje blanco y esos curiosos ojos, uno siendo azul y el otro café. Siempre me fascinó ese gato, y era agradable que me visitara. Siempre se ponía en el marco de la ventana.

Se acarició contra mí y sonó su ronroneo, y me sentí fastidiado. Sus maullidos eran horribles, casi burlescos. ¿No quieres callarte, estúpido animal? ¡Estoy planeando algo, tiene que ser perfecto y si estás aquí molestándome no lo será!

—Eres patético, ¡ni para morir puedes ser listo! —Exclamó el gato, con una horrible voz demoníaca. Su pelaje estaba erizado y parecía listo para atacarme en cualquier momento. Y su hocico poseía una boca curveada en una horrible sonrisa.

— ¡CÁLLATE, MALDITO! —Le grité al gato, el cual sólo parecía reírse más. Estaba hartándome, no podía más con la presencia de ese felino. Tomé el cuchillo que estaba bajo mi almohada, me acerqué al demonio gatuno y lo tomé del cuello. ¡Estaba rogándome perdón ahora! Oh, pobre iluso, en primera ni debiste entrar por la ventana...

Y con el cuchillo, finalmente di fin a sus horribles maullidos y de rojo mis manos teñí. Y cuando todo acabó, fue cuando me di cuenta de qué hice.

— ¡No puede ser! —Las lágrimas salieron incontrolablemente, traté de reanimar al pobre gato. ¡¿Qué había hecho?! ¡No podía ser posible que yo hiciera tal cosa! Abracé los restos de lo que solía ser el tan querido gato de la vecina. Lloré amargamente, y agradecí tanto que no hubiese nadie en casa. Si me hubiesen descubierto... ¿qué pensarían mis padres? ¿Qué pensaría Hannah de verme convertido en esto?

No me quedó más remedio que colocar el cadáver del gato en la bolsa donde guardaba lo que no comía. Me sentía muy mal, y tuve que cambiarme de ropa. Por suerte, como mi piso está laminado, fue fácil quitar la mancha de sangre. De haber sido alfombra estaría en problemas. Horribles problemas.

No sé cómo pude ver un demonio en ese gato, hasta la fecha sigue siendo un misterio para mí.

No sé qué malvada bruja o qué burlesco demonio me mantuvo en aquel extraño hechizo, pero aparentemente algún piadoso ángel lo rompió, quitando la venda de mis ojos.

Y ahí, estaba frente al espejo... y era horrible. ¿Qué diferencia había de mí con un putrefacto cadáver? ¡Estaba a punto de caer, completamente MUERTO! ¡Era tan hilarantemente horrible, si lo hubieses visto...! ¡Es increíble como para mis diecisiete años ya me había deshecho de tanto!

Aaron Sanders, de 1.72 de estatura, pesaba 58 kilos. Tenía marcadas ojeras bajo mis ojos, tenía la piel horriblemente reseca, en mis brazos y en mi estómago había algo de piel colgando, que revelaba mi antigua complexión, toqué mi cabeza y frágiles cabellos se fueron con mi mano... ¡era un caos! Y de hecho, me percaté de una sensación ya casi olvidada por mí: Hambre, mucha hambre. Demasiada, de hecho, sentí que de verdad moriría de hambre ahí mismo. Grité, pero mi voz estaba demasiado débil, apenas sonando como ahogados gemidos de dolor. Sentí mis párpados cada vez más y más pesados, y mi cuerpo estaba en el mismo estado. Mis piernas ya estaban demasiado débiles, tanto que no podían sostener el poco peso que tenía.

—Ayuda... ayuda... voy a morir... —eso no era un grito. Estaba casi susurrando, mi voz no daba para más. Hannah, mi madre, mi padre... todos estaban ahí, pero no podían escucharme. Dicen que cuando vas a morir, momentos de tu vida pasan fugazmente tal cual película, y en mi caso particular así fue. Recordé la vez que me encerraron en el sótano, recordé la vez que me obligaron a comer tierra, recordé la vez que asesiné al gato de la vecina, recordé que Hannah se preocupaba tanto por mi pérdida de peso, recordé muchas cosas, muchas cosas.

Y fue ahí cuando me pregunté “¿Realmente quiero ser salvado? ¿Realmente quiero vivir después de esto? ¿Hay algún motivo por el cual deba seguir en este mundo?”

La puerta se abrió bruscamente, y vi unos zapatos blancos como los que acostumbra a usar Hannah. La niña de doce años emitió un estruendoso grito, seguido de decir mi nombre, llena de preocupación y miedo. Todo se volvió negro para mí, sólo pude verla acercándose con lágrimas en los ojos antes de que mi visión se apagara.

Cuando desperté, estaba en una camilla. Debí esperar que si no estaba muerto estaría en un hospital, pero aun así hice la estúpida pregunta “¿en dónde estoy?” Una enfermera que estaba administrándome suero me respondió lo obvio, que estaba en un hospital debido a mi estado. Me miró con ojos tristes y a la vez sorprendidos.

— ¿Sabes? Es raro ver a un jovencito pasando por esto, pero quiero que sepas que todo ser humano es hermoso, pero no todos saben apreciarlo. Si aprendes a hacerlo conocerás la felicidad —me dijo con una sonrisa amable. Yo únicamente asentí, y fue ahí cuando me di cuenta que ella ya lo sabría. Aunque resultaba tan obvio, mi cuerpo esquelético así lo anunciaba. Aun así, debo reconocer que es lo mejor que me han dicho en mucho tiempo, no es algo que esté a mi alcance...

Mierda, de nuevo me veo horriblemente patético, patéticamente triste. ¿Por qué tengo que llorar tanto en este relato? Sólo no mires, seguiré relatando, pero no mires. Igualmente, ¿no es jodidamente triste? No puedo realizarlo, no puedo cambiar mis ojos, para mí ningún ser humano es hermoso, nadie lo es ni lo será. Pero de todos, el ser con más mierda en su interior soy yo. Me amargué, me volví algo despreciable. ¿Qué soy yo, además de un ente vacío con únicamente el impulso de asesinar?

Retomando la historia, después de que me estabilizaron e incluso aumenté de peso, pude salir del hospital. No estaba aún en mi peso ideal, pero ya estaba notablemente mejor que antes. Tuve una larga e incómoda charla con mis padres, no les mencioné nada sobre Michael y John. No sabía ni por qué los seguía encubriendo. Pero así lo hice, supongo que era por egoísmo. No quería que los castigaran. SÓLO YO PODÍA DARLES UN CASTIGO APROPIADO.Y a la vez, no. No debía, no debía hacerlo. Pero si ellos me arrastraron a esto, ellos me convirtieron en este monstruo. Deberían de tener consecuencias, ¿no lo crees?

Mi padre tenía un semblante extraño, no sabía si estaba triste o decepcionado, esperando que yo fuese más fuerte para no buscar la salida fácil de la anorexia. Pero se veía comprensivo, parecía que quería saber qué había causado todo esto, quería saber qué sucedía en mi mente. Mi madre, al contrario, me regañó horriblemente, terribles regaños y maldiciones salían de su boca. En mi mejilla quedó la marca de su mano abierta. Me maldecía, me maldecía muchísimo. No podía entender por qué. Mi padre tuvo que intervenir y detenerla con un grito, diciéndole que ya era suficiente.

No lo comprendí en el momento, pero hay personas que no pueden sentir miedo o tristeza. En lugar de eso, sólo pueden usar la ira. Creen que doblegando a las personas éstas repentinamente caerán en cuenta de que deben de ser felices. Creen que cuando caes, deben de hundirte más para luego tratar de levantarte con un beso, con una disculpa o un “te amo”. Terriblemente patético, a decir verdad, horriblemente patético y erradamente estúpido.

Mi madre pretendía hacerme sentir que ella se preocupaba por mí, que era importante, que me quería vivo y bien. Pero lo único que pude sentir con esa bofetada, con esos insultos, con esa maldita frase...

— ¡¿Por qué intentas matarte y escapar de todo?! ¡Tomar la vía fácil es de imbéciles!

Gracias mamá. Muchísimas gracias. Gracias a ti descubrí que soy imbécil.

En el interior de mi alma, había un frondoso y vivo árbol. Amaba a ese árbol, porque me hacía sentir bien conmigo mismo, porque con él sabía que mi mente estaba a salvo. Con él siempre sonreiría. A partir del primer momento en que Michael me arrebató mis gafas fue cuando empezó a perder su luz, pero fue hasta la bofetada de mi madre cuando sentí que su tronco seco se agrietó y comenzó a sangrar. Mi árbol estaba herido, y no había nadie que cerrara esa herida.

Mi padre tenía demasiado trabajo como para ocuparse de  mí, Hannah tenía otras preocupaciones típicas de su edad y mi madre... creo que no hace falta mencionarla. Estaba completamente solo contra esto que sucedía en mi interior. Tenía una psicóloga, pero no hacía más que hablarme de Dios, y eso no hacía más que enfurecerme, ¡para eso era mejor una monja!

¿Crees que no estoy lo suficientemente jodido? Pues, a mis diecisiete años comenzó la etapa con mayores cambios de mi vida. Y la culminante para que llegara hasta donde estoy. Inició mientras Michael y John estaban tan típicamente acusándome de una falsa homosexualidad. Es cierto que las mujeres jamás me interesaron, a decir verdad no tengo ninguna preferencia definida, así que si en algún momento me interesara algo, no sé si decir si sería hombre o mujer. En todo caso, a Michael y a John  parecía divertirles el hecho de que alguna persona sienta atracción por alguien del mismo sexo. Cabe destacar que no encuentro nada hilarante en ello. En su juego de mi falsa homosexualidad, decidieron que sería divertido que Michael me tomara de mis frágiles brazos y John me diese una certera patada en mis genitales.

— ¡No te preocupes, de tanto que te darán por el culo no lo necesitarás! —Se carcajeó el chico alto, Michael. El de menor estatura corroboró aquello, puesto a que era tan marica como para tener a alguna mujer. Tan marica y debilucho.

Débil, era muy débil. ¿Entonces eso era? ¡Eso era!

Ya había aumentado muy considerablemente de peso, de hecho, estaba técnicamente bien. Desde aquel entonces no he querido dejar de comer, la imagen de mi casi cadavérico cuerpo me asustó lo suficiente para no querer caer de nuevo en ello. ¿No crees que sería maravilloso si todas las personas con la enfermedad que yo tuve despertaran de su hechizo y vieran sus casi cadavéricos cuerpos antes de que se conviertan en verdaderos cadáveres?

Comía lo mejor que podía, y hacía ejercicio en las actividades vespertinas de la escuela. De hecho, hacía quizás demasiado ejercicio. ¿Ves que no puedo estar bien conmigo? No conozco puntos medios, sólo buscaba fortalecerme lo más rápido posible, para que John y Michael no arruinaran mi vida... lamentablemente ya lo habían hecho.

El entrenador siempre tenía que pararme, y yo era un poco necio al respecto. En fin, me excedía de las repeticiones que me decía, siempre quería hacer más. Lógicamente eso me desgastaba mucho, pero me importaba poco con tal de que todo acabara como yo quisiera. Mi cuerpo era algo nefasto, y quería remediarlo. Aumenté de musculatura, y eso me hacía feliz. Sin embargo, mi corazón seguramente rogaba por que parara. Lamentablemente el entrenador siempre tenía que pararme. Igual, supongo actualmente estoy saludable. No guapo, pero saludable.

Pasando a otro lado, Hannah ya era una adolescente de trece años. Ya no era una niña,  y cada vez más nuestra relación pasó a ser de una linda fraternidad a... una mierda. Ella es una niña caprichosa, frívola y manipuladora. Es la favorita de mamá, mi padre está contento con ella y yo... parece que soy la única persona en el mundo que la odia.

Recuerdo un día en que estaba yo escuchando música tranquilamente, cuando mi hermana llegó y me los exigió como si fuesen suyos. Yo no quería dárselos, así que moví la cabeza de manera negativa, y ella comenzó a enojarse.

— ¡¿Y por qué no me los quieres dar?! ¡Dámelos! —Demandó ella. A decir verdad, no tenía mayor problema para darle esos estúpidos audífonos, es más, tenía al lado otros casi iguales. Pero detestaba la manera en que me pedía las cosas como si fuese mi obligación acatar cada orden y capricho, odiaba que pensara que el mundo giraba por y para ella, y que yo no era más que un personaje secundario que debía de ser pisoteado por su gloria y perfección.

— ¡Justo al lado de mí están otros exactamente iguales! —Le hice saber, con la música de mi computadora pausada y mi voz aumentando de tono. Sin embargo la niña de cabellos negros no cedía, y trató de arrebatármelos.  Yo no quería dejarme, así que me aparté. Ella se quedó ahí parada durante unos momentos. — Oye, ¿no planeas irte?

—Es la sala, puedo estar aquí sí quiero —decía, a una distancia demasiado corta. O bueno, quizás a una prudente, pero en realidad estaba tan molesto porque sabía que esa era su manera de hacer un berrinche. La ignoré, ella se aproximó al cargador de mi computadora y lo desconectó.

—Estaba usando eso —dije, ya que mi computadora estaba muy baja de batería, apenas la suficiente para que no se apagara.

—Estabas.

— ¿Estás así sólo porque no quise darte los audífonos? —Pregunté lo obvio, ella sólo respondió que si quería que se fuera le diera los audífonos. Insistí en que usara los que estaban justo a mi lado, pero estaba aferrada a usar exactamente los que tenía puestos.

— ¡Oh, vamos, quitártelos no es difícil, sólo haces este movimiento con las manos! ¡¿No sabes hacerlo?! —Dijo mientras movía sus brazos como si se quitara unos audífonos. En ese preciso momento, llegó una amiga de ella que había llegado a pasar la tarde con mi hermana, quizás porque Hannah se había tardado en conseguir unos auriculares.

— ¡¿No crees que es estúpido, Stella?! ¡Aaron no sabe hacer esto! —Exclamó mientras seguía haciendo aquel movimiento. Obviamente si sabía realizarlo, pero no quería hacerlo. Ella comenzó a molestarme muchísimo... y a la vez, sentía el corazón muy pesado. Stella, la niña rubia, la miró confundida y pocos segundos después comprendió lo sucedido.

—Eh, Hannah, creo que aquí hay unos —dijo tomándolos de una mesita justo al lado del sillón, donde estaba yo.

— ¡Pero Aaron es un estúpido imbécil si no sabe hacer esto para dármelos! ¡Eres tonto, Aaron, eres demasiado estúpido!

— ¡NO VUELVAS A LLAMARME ASÍ!

Tiré mi computadora, tiré los jodidos audífonos y estuve muy cerca, demasiado cerca, terriblemente cerca de golpearla. Me detuve a tiempo, mi hermana estaba confundida, y algo sorprendida de mi conducta.

—No vuelvas a llamarme así... no quiero que... otra vez... —no pude más. Salí corriendo a mi habitación como un marica. Hubieras visto lo patético que me veía llorando por tal estupidez. Pocos minutos después, tocaron mi puerta.

— ¿Sí? —Dije mientras la abría, Stella había llegado con mi computadora, los audífonos que estaba usando antes de que Hannah llegara y su expresión era seria.

—Lamento lo sucedido, Hannah no sabe controlar su boca. Además hace demasiados berrinches —se disculpó mientras me entregaba las cosas —. No sé si sea indiscreción mía pero... ¿puedo saber por qué reaccionaste así?
—Yo... no lo sé, hay cosas que hago sin saber por qué —le respondí, con la voz levemente quebrada. La rubia me miró con lástima, con una asquerosa lástima. ¡No quiero tu lástima, carajo!

—Si alguna vez te llegas a sentir triste... puedes confiar en mí —me dijo mientras tomaba mi mano, y la sentí muy cálida. Sentí lo que no había sentido en mucho tiempo: A alguien le importaba.

Ella se fue ya que Hannah y mi madre irían a llevarla a casa, y yo me quedé sumido en mis pensamientos. Hasta que fui interrumpido.

—Vaya, vaya, vaya. ¿Qué es lo que hay aquí? ¿Aaron Sanders, eh? ¡Oh, pero qué horror! —La voz chillona, burlesca y horrible comenzó a sonar por toda la habitación. Grité un poco y volteé a ver de quién se trataba. ¡Pero qué cosa, pero qué rayos! ¡¿Qué era aquel ser del inframundo que escapó de los infiernos robando mi forma y apariencia?! Y sin contar la carcajada digna de un loco.

Repentinamente tomó mi brazo y me jaló hacia la cama, dejándome sobre ella boca arriba. Se colocó sobre mí y me miró muy fijamente, con su rostro muy cerca de mí — ¡Tienes que estar jodiéndome!  ¡¿Es en serio?! —Me gritaba, y no le importaba en lo absoluto si escupía en mi rostro al hacerlo. Se alejó repentinamente, y me jaló con él, obligándome a sentarme en la cama. Tomó mi mentón y agregó —Eres débil, eres feo... ¡vaya que tienes mucha mierda fuera y dentro!

No sabía qué pretendía, pero estaba tan paralizado que no podía emitir ningún grito. ¿Y de qué serviría? No había nadie en casa. Traté de correr hacia la puerta, pero el extraño sujeto se colocó frente a mí, antes de que llegara. Retrocedí unos pasos, y él se acercaba a mí.

—Mi nombre es Mike, y soy la respuesta a tus problemas. Veo que existen en tu vida dos imbéciles que necesitan conocer el infierno, ¡¿no lo crees?! —Emitió una estruendosa carcajada y retorcía las manos de manera exagerada —. Yo haré el trabajo sucio, pero necesito tu cuerpo. ¡Sólo asiente con la cabeza una vez, y todos tus problemas solucionados! Vamos, vamos, vamos, no me mires así, no soy un demonio. O tal vez sí, depende de cómo me veas. Bueno, como sea, ¿por qué el miedo? A ti no te haré nada, nada de nada. A decir verdad, puedo traerte muchos beneficios, si cooperas, claro está...

Estaba vacío, no quería luchar... ya no tenía por qué hacerlo. Ya no puedo luchar contra el Gran Árbol Sangrante, y la aparición de Mike fue mi derrota definitiva. No atenté contra mi vida de forma directa, por más veces que lo había pensado. Este sería mi verdadero suicidio, entregarme al Gran Árbol Sangrante era aceptar deshacerme de mi alma, deshacerme de todo lo que soy, lo que fui y lo que nunca podré ser. Sus ramas sangrientas rasgarían mi ropa, dejarían la marca maldita en mi pecho, pertenecería para siempre a sus legiones de almas perdidas que vagan clamando venganza, llorando eternamente a los difuntos que cargan a sus espaldas.

Lo que sucedió después de haber aceptado a Mike dentro de mí, fue una verdadera locura. Primero fui por Michael, ¡hubieras visto como me rogaba por su vida!

Le abrí el estómago, saqué sus intestinos y los corté en trozos pequeños frente a él. ¡Su expresión horrorizada era tan divertida! Posteriormente, lo pateé lo más fuerte que pude en la entrepierna, y cuando abrió la boca, introduje una parte de sus intestinos en ella.

— ¡¿Qué te pasa, cerdo?! ¡¿No te gusta?! ¡Tú comes cualquier porquería! —Le grité aquello que hace tanto tiempo atrás él me había dicho. Noté su asco, noté su horror... y sentía una insana diversión, como si el cuchillo que provocó mis heridas finalmente fuese castigado. Le hice comer sus intestinos, seguí con su estómago y al final ya no pudo más. Mike me da instrucciones para hacer las cosas, pero, ¡vaya que es fastidioso!

— ¡Te dije que con John usaré ácido! ¡Debo deformar su rostro! —Exclamé con molestia, ya que Mike insistía en que los cortes con un cuchillo serían una mejor mutilación. Discutimos mucho, a decir verdad, pero cuando finalmente nos ponemos de acuerdo solemos obtener buenos resultados.

John fue un caso más especial que Michael. Yo conocía un poco de su vida, y sabía por lo que pasaba. Tenía un padre alcohólico, su madre estaba muerta y vivía siendo golpeado por él. Conmigo buscaba deshacerse de su dolor. Sin embargo, para él tengo una solución mucho mejor. Y estaba ahí John, atado a la silla, inmovilizado y maldiciéndome mil veces. Me sentí poderoso, me sentí fuerte, me sentí casi un Dios de saber lo que haría.

—Sé  por lo que pasas, mi querido John —le hice saber, con un tono un poco agudo y casi burlesco —. Pero ahora, yo te ofrezco una mejor opción a simplemente limitarte a golpear a un perdedor. Sólo déjate llevar por la Marca Maldita...

Con un cuchillo tallé en su rostro la marca maldita, exactamente en su mejilla izquierda, así como Mike me lo había ordenado. Había dado su alma al Gran Árbol Sangrante, y así me sentía satisfecho. ¿Cómo puedo estar tan seguro de que enloqueció y comenzó a asesinar? La ciudad está atemorizada por el Asesino de la Cara Cortada y por la Asesina de la Máscara, títulos muy poco elegantes, pero concisos.

No volví a saber de John hasta la fecha, más de la información que me brindan los medios de comunicación. Sé que no simplemente se perturbó por verme así y repentinamente decidiera ir a matar. No, claro que no. Es obvio que él asesina por el hecho de que así siente que tiene la fortaleza que jamás tuvo con su padre, siente que así tiene algo de valor su vida. Sin embargo, algo en él hizo clic hasta que yo lo visité. Seguro su Árbol comenzó a sangrar, y ahí se dio cuenta de lo que debía hacer. Seguro vio tantos demonios como yo debí haber visto, seguro escuchó a los ángeles desaprobando que fuese al cielo, y a los demonios exigiendo que no entrara al infierno.

He creado a un asesino igual que yo, y me enorgullezco de ello.

Para conseguir un buen disfraz, tuve que ir precisamente a una tienda de disfraces con los ahorros que tenía y conseguí una larga túnica negra, una máscara blanca con una mancha negra alrededor de los ojos y que omitía mis rasgos faciales. Era perfecta para un asesino, ya que cubría mi cara en su totalidad. También en la misma tienda conseguí una botarga y relleno para simular tener pechos. Era el disfraz perfecto, ya que así me confundirían con una mujer y no podrían sospechar que bajo todo este disfraz haya un hombre sin alma y con la mente rota. A los dieciocho años exactamente fue cuando le di vida a la Asesina de la Máscara. Conseguí el disfraz un 21 de Octubre, y mi cumpleaños estaba cerca siendo el 28 de Octubre. Sí, fue un excelente auto-regalo dar vida a una asesina. ¡Fue el mejor regalo que me han dado!

También necesitaba algún lugar donde ejecutar mis crímenes, así que busqué un edificio abandonado, anteriormente había sido un almacén. Era un sitio ideal para llevar a mis víctimas para asesinarlas y torturarlas durante el tiempo que se me antojara. Si no fuese porque con Michael tenía que ser rápido, seguro lo hubiese traído aquí y lo sometería a muchas torturas más. Pero bueno, ya qué.

Recuerdo que Hannah tuvo una obsesión con la Asesina de la Máscara, y creo que tiene cierta lógica, siendo que ella era tan fanática de asesinos célebres. No me imagino cómo reaccionaría si supiera que su hermano era precisamente esa “asesina”. Cuando ella cumplió dieciocho años y yo ya tenía veintidós años, esperé a que nuestros padres se fueran y yo supuestamente estaría en la biblioteca estudiando. Estuve ahí por dos horas, y me escapé cuidando que nadie me viese salir. Regresé a casa caminando, y aquello me llevó alrededor de quince minutos. Entré por la ventana, ya que mi habitación estaba en el primer piso y Hannah seguro estaría en la suya, en el segundo piso. Tomé mi túnica y fui por ella.

La hubieras visto, ¡la hubieras visto correr! Tenía su teléfono, así que cuando salí de la oscuridad del pasillo, de inmediato me tomó una fotografía. Traté de atraparla, pero se escapó y se trató de encerrar en el baño, pero logré entrar antes. Ahí estuve a punto de apuñalarla, y me tomó una segunda foto. Siempre admiré que mi hermana tuviese tan excelente mano para las fotos, puesto a que aun con todo el movimiento salieran tan buenas fotos. Por un momento que estuve completamente quieto, ella capturó ese momento. Sin embargo, no fue suficiente, ya que al final logré acorralarla, y en ese momento me quité la máscara.

—Despídete del cielo, Hannah...

Por supuesto, yo soy un simple asesino con mis limitaciones humanas. Sin embargo a lo que deberás temer es al Gran Árbol Sangrante. Éste es algo completamente omnipresente, está en cada persona que conoces. Es la recopilación de las desgracias de los humanos, sus ramas seductoras llevan a las almas a cometer actos horribles que no caben en la imaginación de los demonios y a la vez, es algo imparable. No sabes cuándo atacará, porque es algo que está en toda persona. Con el Gran Árbol Sangrante sólo hay dos caminos.

Ser atacado por alguien cuya alma fue devorada por él, o dejarte devorar y ahogar tu dolor en su río de sangre.

Ahora soy propiedad del Gran Árbol Sangrante, la locura de mi mente así lo anunciaba, la marca de mi pecho tallada por mí mismo con un cuchillo mundano. La marca cuya imagen no puede ni debe ser descrita yace en mi pecho formada por mis cicatrices que sangrarán por la eternidad, incluso cuando mi cuerpo haya abandonado este mundo. Esta marca ha pertenecido y pertenecerá a más almas cuyo dolor sea insoportable, cuyo dolor se vuelva algo más allá de lo que ellos mismos conocen. La Marca Maldita del Gran Árbol Sangrante yacerá en todos y cada uno de nosotros, ya sea del lado verdugo o del lado víctima. Esta marca que debo proteger, que me dará dolor, que ahora y siempre me representará.

Sólo existen dos tipos de personas, los verdugos y las víctimas. Al final del todo sólo quedaremos los verdugos, con las manos teñidas de la vida extinta de las víctimas. El impulso asesino es insaciable, y cuando no queden más, nos asesinaremos unos a otros, y nuestras almas no irán ni al cielo ni al infierno. A aquellos que fueron, son y serán marcados por el Gran Árbol Sangrante no serán juzgados y por lo tanto al morir desaparecerán en la nada y pasarán sin pena ni gloria por el juicio divino.

El Gran Árbol Sangrante actualmente rige y regirá mi corazón vacío y el de muchos otros más que decidimos dejar nuestras ideas inculcadas por aquellos que crearon las normas expresamente para conservar un poder quizás ilegítimo y dejarnos guiar por aquello que por tantos años hemos tratado de desaparecer de nuestros seres y que al final ha regresado con más fuerza y nos ha dominado, nos ha mostrado la verdad, la solución a nuestros problemas.

Distribuiré esta historia con un único propósito: Hacer saber al mundo del Gran Árbol Sangrante y hacer saber lo que sucederá más allá de la muerte para aquellos cuya alma ha quedado vacía y rota por el sufrimiento humano. Sin embargo, para toda persona que lea o escuche esta historia, sólo queda decirle una cosa.

Despídete del cielo.
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Etiqueta Roja Re: El Gran Árbol Sangrante

Mensaje por Miika el Sáb Ene 11, 2014 8:31 pm

Wow
pues, en lo personal, me ha encantado xD me gusto la historia, seguirla. En un principio hasta me quede ¿Que tiene relacion uno con otro?, pero ya luego até cabos. Muy buena, espero más como esta ^^

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Etiqueta Roja Re: El Gran Árbol Sangrante

Mensaje por Madara el Miér Ene 22, 2014 3:28 pm

En mi opinion la segunda parte se tardo demasiado en explicar detalles que la verdad no quedaron tambien despues de tanto hablar y llegar a ese final y conclusion

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Etiqueta Roja Re: El Gran Árbol Sangrante

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